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domingo, 9 de outubro de 2011

Forks Over Knives - 2011




Aquí dejo el link para que vean el documental online. Está en inglés sin subtitular. Espero que igual puedan aprovecharlo. Por favor, ¡difúndanlo lo más que puedan!

Forks Over Knives

terça-feira, 6 de setembro de 2011

Desilusión


Escuché al profesor en varias oportunidades utilizar los adjetivos "individual, matrimonial, familiar" uno luego del otro en referencia a distintas cuestiones. Me pregunto si no nos estaremos quedando sólo en el primer escalón.

Situación 1


Una cocinera experimentada pide que se separe a las cocineras novatas de las que no lo son. A pesar de que en algún momento fue aprendiz, no lo recuerda y no está dispuesta a acompañar a las nuevas generaciones.



Situación 2

Un hombre coquetea con una mujer soltera. Nunca le informa que está casado y es poco probable que su esposa sepa de sus galateos por fuera de su matrimonio.


Situación 3

Otro hombre habla de las maravillas de la solidaridad y aprovecha un favor. Cuando tiene la oportunidad de devolver el gesto, no responde los e-mails.


Situación 4

La persona encargada del transporte nunca termina de informarle al viajero a qué hora tiene pensado salir, ni siquiera es capaz de informarle que no está seguro a qué hora va a salir. El viajero queda imposibilitado de considerar otras opciones.


Todos estos ejemplos son reales y, en mayor o menor medida, me tuvieron como partícipe involutaria. Todos estos ejemplos involucran a personas relacionadas con la práctica macrobiótica por eso considero relevante exponerlas a mis compañeros de blog.

Yo creo que lo que todos estos ejemplos tienen en común es que las prácticas de estas personas son primordialmente individuales y autosatisfactorias (masturbatorias podría decirse). Ya sé, esa es gran parte de la esencia de la práctica macrobiótica, la autoeducación y bla, bla, bla. Llamenme naïve, ilusa, inmadura, ingénua o lo que quieran. A mí me interesa la gente y practico para mí pero hacia afuera también.

terça-feira, 23 de agosto de 2011

Por Liniers, genio argentino.

CC: Consumo Colaborativo


Les dejo este dato que quizás ya conozcan. Se trata de una nueva tendencia, la del consumo colaborativo.
En Brasil, pueden explorar DescolaAi. En Argentina, hay varias GratiFerias en distintos lugares del país. El lema de la gratiferia es "Trae lo que quieras (o nada) y llevate lo que quieras (o nada)". Es decir, no hay idea de reciprocidad.

domingo, 14 de agosto de 2011

The World of Reality

Esta contribución era originalmente un comentario en respuesta a Gilberto, que comentó a su vez mi postagem anterior. Luego se hizo muy largo así que creí más conveniente ponerlo aquí.
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Estimado Gilberto: gracias por tu comentario y la posibilidad de seguir reflexionando sobre este tema.

Cuando aún estaba en la universidad, tuve un profesor que nos hablaba del “world of reality” (la materia era Lengua Inglesa IV), el “mundo real”. Su materia era una de las últimas de la carrera y todo el tiempo intentaba hacernos ver que una cosa era lo que pasaba en el ámbito académico y otra muy distinta la que se podía experimentar fuera de él, decía que la vida comenzaba cuando uno salía de la academia.

Tu observación es muy cierta, pero temo que en mi experiencia particular y en la observación del mundo que me rodea lo que señalás no se condice con el “world of reality”. Ejemplos de lo que decís hay, algunos. Podemos mencionar al profesor Kikuchi y doña Bernardette, creo que Jamie Oliver y su mujer podrían ser otro ejemplo pero no me arriesgaría a asegurarlo porque no sé mucho de ellos. Pero no puedo contar muchos más, quizás mi amiga Sofía y su marido. Fuera de estos casos aislados, en la vida real, la de todos los días, mi vida personal, la de mis amigos y amigas, la de mis alumnos y alumnas, en la vida de mis clientes, la situación es muy diferente.

Voy a explayarme sobre 4 aspectos particulares del ser mujer que me preocupan en estos momentos: la capacidad de formar pareja, la de tener hijos, la de desarrollarse profesionalmente y la de cocinar. Pero no quiero teorizar sino hablar de experiencias; de vidas de verdad, no de ideas. Sobre 16 mujeres que conozco bien (mayormente amigas y familiares cercanas) y dentro de las que me incluyo, que tienen un promedio de 35 años:

• Nueve tienen pareja, 7 no. Las que están en pareja, tiene un promedio de 5 años de relación. Una de ellas tiene una relación homosexual. Entre las que no están en pareja, hay 2 divorciadas y 5 solteras, algunas “ex-convivientes”.

• Sólo 4 de estas mujeres tienen hijos. De las demás, 1 no los desea y 5 no los desean aún. De las otras 6 (repito: SEIS): cuatro podrían tener dificultades para quedar embarazadas y 2 NO PUEDEN tener hijos.

• De estas 16 mujeres, 10 tienen una carrera profesional sólida y bien desarrollada. Algunas de ellas, incluso tienen dos profesiones. Del resto, 3 tienen tibiamente desarrolladas sus carreras y las otras 3 aún están buscando qué hacer de sus vidas en este aspecto.

• Dos de estas mujeres no cocinan, 13 de ellas cocinan entre poco y medio, y sólo una (adivinen quién) cocina mucho. De las que cocinan entre poco y medio, 9 de ellas desearían poder cocinar más.

¿Qué dice esta estadística casera de la realidad a mi alrededor? Definitivamente no dice lo suficiente. Pero, sin ánimo de ofender, dice mucho más que “detrás de un gran hombre hay una gran mujer”. Creo que estudiar está bien, aprender de los grandes maestros es importante pero el estudio, la educación vitalicia, tiene que ser de por vida pero también tiene que ser educación vital: educación para la vida. Y yo lo que aprendí de Ohsawa, Kushi, Kikuchi, Jack, Aihara y los demás es que hay algo que está muy mal, hay un rumbo que hemos extraviado y que es imperativo recuperar.

Mi angustia y mi preocupación al encontrarme con estos dos hombres que están cuidando de sus hijos y de los hijos del mundo es porque las mujeres no estamos “adentro” haciendo lo propio. Quizás la mujer de Oliver, que dejó su carrera para cuidar de sus 4 hijos, quizás ella sí lo esté haciendo. Siempre temo hablar de esto porque estamos en una sociedad machista, como decís. Corro el riesgo de ser considerada machista por esto, lo sé. Pero mi planteo va por otro lado, completamente. Creo que en el mundo real, el de las mujeres que son mis amigas, mis cuñadas, mis vecinas, mis alumnas, mis clientas, en ese mundo hay algo que se desordenó.

Fijate qué desordenado está todo que yo, que soy mujer, soy la que estoy reclamando más realidad material, más mundo, más tierra, más Yang; soy yo, siendo mujer, la que no quiere "quedarse en el aire", en la expansión, en el Ying... Algo necesita reordenarse.

Volviendo a mis mujeres ejemplo, de las 4 mujeres que tienen hijos 2 de ellas están dedicadas tiempo completo a sus hijos (son 2 de las 3 que tienen desarrollada su carrera tímidamente, vaya coincidencia). Las otras 2 tienen dedicación parcial a sus hijos, una de ellas porque tiene hijos adolescentes que ya hacen una vida semi-independiente y la otra, que tiene hijos muy pequeños, porque está divorciada y debe trabajar más de lo que desearía para mantenerse y mantenerlos, y sufre mucho por esto. Una de las cosas que desería es tener más tiempo para cocinarles a sus hijos. La totalidad de las mujeres que no pueden tener hijos, los desean. Muchísimo.

Parafraseando a Ricardo, si se desordenó la buena noticia es que se puede volver a ordenar. Celebro esa oportunidad. Pero creo que para que esa oportunidad exista tenemos que sacarnos el velo del ideal (el mundo de las ideas de Platón, si se quiere) que leemos en los libros y comenzar a bajar esa información al llano del mundo que nos rodea. Creo que sólo así podremos producir algún cambio.

Gilberto, nuevamente gracias por permitirme profundizar en este tema y gracias también por el esfuerzo de escribir tu comentario en español.


sábado, 13 de agosto de 2011

Dos hombres

En los últimos 10 días me reencontré con dos hombres que, a mí criterio, están haciendo historia.

Gracias a una amiga que me comentó acerca de un experimiento con chicken nuggets, recordé a Jamie Oliver. Jamie es un cocinero inglés joven y su misión es sencilla: enseñar a los niños a que coman mejor. En este momento, en el que mis esfuerzos más grandes están orientados a que vuelva a haber olores, sonidos y vida en la cocina, encontrar a un hombre que se esté ocupando de provocar la revolución en la que tan fervientemente creo, fue maravilloso.


Por otro lado, hoy vi de reojo al pasar por un quiosco de diarios a Sportacus, el superhéroe de Lazy Town. Este personaje, creado e interpretado por Magnús Scheving también tiene un objetivo noble y sencillo: que los niños lleven una vida más saludable. Su foco está principalmente en el deporte y el movimiento pero incorpora también la alimentación.

La paradoja de estos encuentros es que, si bien me resultan inspiradores y reconfortantes, también me perturban. La perturbación tiene que ver con el hecho de que estos movimientos (y lo digo al altísimo riesgo de ser malinterpretada) estén siendo liderados por hombres. Me angustia y me desconcierta que las mujeres no estemos participando de estas propuestas.

¿Qué nos pasó? ¿Qué nos pasó para que no estemos ocupándonos de nuestros hijos, de nuestras familias? ¿Qué nos pasó que nos ocupamos tan mal de nosotras mismas? ¿Qué cuento chino nos creímos? ¿Qué alimentar a nuestras familias era un trabajo "menor"?

Hoy pensar en esto me entristece profundamente.






domingo, 7 de agosto de 2011

Por ejemplo

"Si tenés un mensaje para dar, quedate tranquila: ya lo estás dando."
AMI, en sesión.

Insisto: para mí la incorporación del tercer elemento fue revelador. Es una concepción tan natural, tan orgánica que no hizo falta ningún esfuerzo para integrarla a lo que ya tenía.
Me pregunto entonces cuál es el lugar del caos en todo lo que venimos conversando. Hago una confesión: a mí planear me sale muy bien. Demasiado bien. Tan bien que tuve que desaprender a planear. En mi experiencia, la planificación empezó a resultar limitante, una zona de comfort que no me permitía descubrir (cubrir ni redescubrir) cosas nuevas. Ahora creo que la disponibilidad para dejarse sorprender y la flexibilidad para recibir lo que el afuera nos ofrece son valores. Planificar solía producirme demasiadas frustraciones. La mayoría de las veces las cosas no salen como una espera. A veces salen mejor. La vida es maravillosa en ese sentido.
A mí me gusta decir que practico macrobiótica. Noto que la práctica y el entrenamiento están presentes en muchas cosas que hago: práctica de yoga, entrenamiento actoral y de clown, hice prácticas docentes antes de graduarme, me sumerjo en la práctica culinaria todos los días... y descubro que la práctica y el entrenamiento son actitudes. Necesito practicar y entrenar habilidades, especialmente aquellas que no domino, que no controlo, que desconozco (que no conozco ni reconozco). Para practicar tengo que reconocerme novata, inexperta. Para practicar tengo que recuperar la inocencia: mirar las cosas y las personas del mundo como la primera vez, tengo que volver a recibirlas. Y la práctica contempla, contiene y agradece el error.
El prof. Kikuchi me dijo durante la orientación "Kushi está obsesionado con el equilibrio". Yo creo que muchos de nosotros lo estamos. Tenemos la ilusión de que algo quede fijo, de poder contar con algo, de hacer base en algún lado aún cuando nos resuena que "lo único que no cambia es que todo cambia".
Hago otra confesión: me preocupa haber conocido unas cuantas personas en el camino macrobiótico con una tendencia muy marcada hacia la rigidez, la intolerancia, la inflexibilidad. Me pregunto el porqué.
En lo personal, mi búsqueda tiene que ver con el caos, amigarme con el desequilibrio, la tierra media que existe entre el equilibrio y el reequilibrio. No sé si eso le sirve como ejemplo a alguien más. Para mí esa búsqueda es la felicidad.
Gracias.

terça-feira, 26 de julho de 2011

Solidaridad mutua

Se você quiser traduzir, copie o texto aqui

Otro trío

Mi participación en el seminario fue transformadora. Yo pensaba la práctica macrobiótica desde los opuestos: Yin-Yang, ácido-alcalino, expansión-contracción, mujer-hombre. La incorporación del tercero que estimula era necesaria, pero no veía la manera de combinarlo con lo que ya tenía. De alguna forma eso sucedió naturalmente, sin esfuerzo, durante el seminario.

Hace unos días que estoy pensando en el tema de la solidaridad y cómo puede entrar en conflicto con la independencia; que es, a mí entender, otro de los grandes temas y uno que me resulta particularmente significativo. La vida urbana nos seduce con una pseudo-independencia, nos insta a que seamos nosotros mismos, distintos de los demás, únicos. Y ésto para que todos terminemos comprando las mismas cosas, vistamos igual y nos guste la misma música. Pero por algún misterioso motivo, igual creemos que elegimos y que nuestras elecciones son autónomas.

La dependencia, por otro lado, la relaciono con el trabajo y el dinero. En español decimos "trabajo en relación de dependencia". Dependemos del sueldo, de nuestros jefes, de nuestros clientes, del propietario del departamento que alquilamos, de los productos que nos ofrece el supermercado, de la compañía de transporte que nos lleva al trabajo. Dependemos del dinero, pero también de otros que nos proveen (alimentos, ropa, entretenimiento) a cambio de ese dinero.

Por algún motivo, tendemos a considerar que la independencia es más deseable, que es un objetivo a alcanzar. Pero incluso no viviendo en centros urbanos, creo que la independencia es una utopía. Yo vivo sola y soy la única en mi círculo de afectos que practica macrobiótica. ¿Cómo se supone que elabore mi propio tofu, mi propio seitán, que cultive mis verduras, las lave, las corte y las cocine, luego lave los platos y los guarde para volver a empezar? ¿Cómo podría hacer todo esto de manera independiente, autónoma aún si no viviera en la ciudad? Entonces, ¿depender de otros no estaría tan mal? ¿Voy al supermercado y listo? ¿Que otro decida por mí?

Los extremos son malos - qué novedad. La independencia nos lleva a la autosuficiencia, el individualismo, y la arrogancia. La dependencia, a la esclavitud y la pereza. Busquemos la vía del medio.

Hace tiempo que adhiero a la idea de la interdependencia. Le doy clases de inglés a mi amiga profesora de yoga y ella me da yoga; tomo clases de teatro a cambio de viandas macrobióticas. Llevo un cocido a la casa de amigos y luego me traigo limones de su árbol.
Ahora elaboro mi propio seitán y busco a alguien que haga pan de masa madre, o tofu. Me parece que esa es la vía del medio, el tercero que motiva. Y no puedo dejar de notar que interdependencia es sinónimo de solidaridad mutua.

Hay por supuesto toda otra dimensión de este trío independencia-interdependencia-dependencia en relación al medio ambiente que sería muy interesante de abordar. ¿Quién toma la posta?

En la cocina
Luego de ver Food Inc., película que recomiendo con entusiasmo a los que no la hayan visto, retomé una idea recurrente y que se relaciona, contribuye y fortalece la intención de generar los dos movimientos simultáneos de solidaridad hacia el interior y hacia el exterior que discutía Ricardo en su aporte: la revolución está en la cocina.

Por eso, he abierto un nuevo espacio y los invito a visitarlo: Revolución en la Cocina. ¡Buen provecho!

Gracias, Gilberto, por los contactos.

quinta-feira, 21 de julho de 2011

De la dificultad a la oportunidad

Se você quiser traduzir, copie o texto aqui

Intro
Mi nombre es Mercedes Escardó y este año participé del Seminario de Invierno de la Escuela Musso por primera vez. De vuelta en mi casa en Buenos Aires, me encuentro con la enorme dificultad de seguir con la práctica y la motivación. La vida en la ciudad con sus horarios, presiones y contaminación se me presenta como un gran desafío. Lo que personalmente más me afecta es la atomización de la comunidad macrobiótica: que esté tan dispersa, tan encerrada, tan alejada de la solidaridad. Por eso, mi entusiasmo con esta iniciativa. Aquí va mi primer aporte.

Tres: el número mágico
Hasta ahora he oído hablar de la auto-educación, el auto-control, el auto-reconocimiento, la auto-transformación, etc. y también sobre la preocupación por una mayor fluidez en las comunicaciones inter-centros.
Adhiero. Desde mi regreso, me levanto temprano para hacer ritmopráctica y descubro que tiene el efecto del ginkgo biloba: ¡me surgen ideas y reflexiones sin parar durante toda la mañana! Entiendo que será pasajero. El objetivo es lograr "pies calientes y cabeza fría". Observo el efecto que tienen lo que consumo por las cuatro bocas e intento evitar aquello que me hace mal. Es decir, intento auto-educarme, auto-reconocerme.
También coincido con la necesidad de tender redes y comunicarnos. Me divierte la anología entre el bambú y su raíz y nuestras computadoras y la fibra óptica. Y aquí estoy, para solidarizarme.
Sin embargo, creo que falta un tercer ingrediente. El número tres que estimule, como dice el profesor Kikuchi. Y siento que ese tercer elemento es hacer un movimiento hacia afuera. Creo que el descubrimiento que hemos hecho es maravilloso por lo transformador y que, en este mundo tan en crisis que vivimos, una transformación es necesaria. Y por lo tanto, la difusión es nuestra responsabilidad.
Sé de comunidades macrobióticas que han intervenido en políticas públicas logrando, por ejemplo, que se eliminen las máquinas de venta de gaseosas y golosinas en los colegios. Otras que han trabajado en los comedores de cárceles logrando una disminución de la violencia a partir del cambio en la dieta.
Me motiva y me entusiasma pensar en trabajar para, en algún momento, hacer una contribución semejante. Me gustaría saber cuáles son las impresiones de esta comunidad al respecto.

En la cocina
Por último, quería compartir con Uds. mi almuerzo de hoy. Estoy tan maravillosamente nutrida por las enseñanzas de Doña Bernardette y las cocineras de la Escuela, que estoy paralizada. Miro mi cocina y no sé por dónde empezar. Tengo tanto para aprender, tanto para descubrir, tantos experimentos por hacer. ¡Es emocionante! Esto es lo que intenté con lo poquito que tenía en casa, luego de estar fuera 12 días.




La zanahoria condimentada con shoyu y el repollo con vinagre de arroz, resultaron una muy buena combinación. El seitán contribuía por su textura, pero no mucho por su sabor. El apio podría no haber estado. Hubiera sido bueno reemplazarlo por algún pickle. Por algún misterioso motivo, el arroz con nirá no tuvo la presencia que había anticipado. Volveré a intentarlo. La próxima vez, poniendo el alga nori del lado correcto: ¡por más que me esfuerzo, nunca logro recordar qué lado va hacia adentro!!! Muy práctica la presentación para comer por las calles de Buenos Aires entre clase y clase.

¡Salud!